Ella caminaba bajo la lluvia sin preocuparse demasiado por nada. Las personas la miraban en cada paso que daba, como si quisieran saber que ocurria dentro de su cabeza. Quizas alguno podria leerle la mente pero eso no era conveniente. El que se adentraba podia asustarse de una forma que jamas olvidaria lo visto. Conoceria el envenenamiento que le recorria el cuerpo de pies a cabeza, conoceria el cianuro que corria por sus venas, veria con sus ojos, pero eso empeoraba un poco las cosas. Ver a la gente muriendo de formas tragicas, violentas, sanguinarias, no era precisamente una fantasia de niña pequeña, no era un cuento de hadas con un final en el cual la princesa se casaba con un principe al que jamas habia visto antes y era feliz para toda la eternidad. Esos cuentos estupidos e imposibles donde el principe con rescatarla de algun dragon superpoderoso o con despertarla de una siesta con un beso, ya enamoraba a la princesa. No, este no era un cuento de hadas. La mente de Elizabeth Marie Gladion es un laberinto del que no puedes salir, puedes encontrarte cosas que jamas podrias haber imaginado, puedes descubrir lugares que no existen en la realidad, puedes estar en el mismisimo infierno si ella desea eso.
Miro alrededor con cara de pocos amigos. Debajo de la capucha negra intentaba esconderse pero parecia que ello llamaba mas la atencion. Intentaba no mirar las sombras imaginarias que caminaban a su alrededor pero a veces se hacia casi imposible ignorar las voces "idiota" "si quieres matar solo hazlo" "te das cuenta? ya van 800 kcal. Acaso quieres ser como esa?" "¿Por que no te tiras debajo del tren? eso simplificaria mucho las cosas ¿no crees?"... Cierra las ojos mientras camina y siente el frio viento chocar contra su rostro. Sigue escuchando las voces pero trata de que ello no le afecte. Cuando vuelve a abrir los ojos se arrepiente de haberlos cerrado. Ahora todo es peor. No solo ve sombras, tambien puede dislumbrar accidentes de transito, sangre, personas muriendo, gente arrojandose de los edificios mas altos. Puede imaginar exactamente donde caeria el cuerpo y hasta donde llegaria la sangre dependiendo la altura desde donde aquella persona se arroje. Comienza a apresurar el paso y ya no tiene idea cual de todas las personas que caminan a su alrededor es real y cual no, pero no le importa, quiere llegar a su casa, quiere llegar al refugio de su habitacion, al refugio de un libro, de una pc, de la musica en si, de lo que fuese. Quiere esconderse de su propia mente pero no puede, no lo consigue. Algo sucede y ella no comprende que es exactamente. Un auto, una bocina, una frenada brusca, sangre, dolor, sangre, dolor, sangre, dolor, ambulancias y finalmente, un cementerio. Por fin, llego a su casa.
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