domingo, 8 de mayo de 2011

Fucking angel


El cuarto parecía estar cerrado, pero había tanta luz que costaba acostumbrarse a ella. Encandilaba los ojos de cualquier ser humano pero parecía no molestarle a ellos. Había mucha gente allí. Se escuchaba una gran discusión aunque nadie gritaba, hablaban en voz baja, suave, delicada. Una voz por la que tanta gente habría matado. Tan dulce, tan hipnotizadora. Todos los presentes parecian ser inmunes a ella y rodeaban a una pareja de de dos seres. Inmediatamente notabas que no eran humanos, eran algo mas.
- Es su vida o la tuya – susurraba el ser de alas blancas.
Este se mantenía en pie, mirando casi con lastima a la mujer que tenia frente a el, claro, si es que podía decirse que era una mujer. No parecía interesarse demasiado en lo que a ella le ocurría, no parecía importarle en absoluto en realidad. La lastima que sentía por ella, o al menos lo que parecía sentir por ella, era asquerosa, fría, sin sentimiento alguno, rencorosa. Lastima desagradable.
- ¿Por qué no puedo simplemente quedármela? – preguntaba ella, llorando amargamente, negando con la cabeza – no voy a dársela a nadie, ella es mía, mi hija.
- Creo que no has entendido – murmuro nuevamente el de alas blancas – Te iras al infierno y lo sabes, aun así deseas quedarte con esta cosa.
La mujer miro al ángel de mala forma, con cara de pocos amigos al escuchar como llamaba a su hija. Antes que nadie pudiese detenerla, corrió hacia él tomándolo del cuello con una mano, levantándolo del suelo unos centímetros.
- No es una cosa – gruño con enfado.
Ella también tenía alas, pero no eran blancas, eran negras… y de ellas chorreaba una sustancia de un color rojo bastante confuso. Parecía… sangre. En aquel momento un llanto comenzó a escucharse, un llanto de un pequeño niño. Un niño encerrado en una jaula. Un niño que no era niño, era niña. Lloraba y gritaba desesperada mientras sacudía violentamente su celda tratando en vano de salir de allí. La desesperación se notaba en cada uno de sus rasgos. Rechazaba aquel lugar y era obvio que no pertenecía allí. Mientras que todo era blanco y hermoso, ella parecía un ser oscuro, misterioso, satánico se podría decir aunque no hacia falta tanto extremismo. Tan solo con verla podías ver que su alma no era transparente, no era pura, no era blanca. Mordía los barrotes con fuerza. De hecho, tenia demasiada fuerza para ser una simple niña, podía notar que tenía mas fuerza que yo. Me extrañaba que no hubiese roto ya la jaula.
De un segundo al otro sonrió… me sonrió con dientes filosos, sonrió cruelmente fijando la mirada en mis ojos. Esos ojos rojizos… tan intimidantes. Temble de miedo sin poder evitarlo y aunque queria sacar mis ojos de los suyos, no podia hacerlo.
- Me llamo Lilith, igual que tu – susurro y rio entre dientes con tal frialdad, que pondría los pelos de punta a cualquiera.

4/05/2011

E.M.G.

No hay comentarios:

Publicar un comentario