Había una vez una loba, una hermosa loba gris que vivía en un gran bosque. Estaba completamente sola, caminando a través de los arboles, buscando un lobo para su compañía. El único compañero que había tenido estaba muerto, unos cazadores se habían encargado de matarlo y colgar su cabeza en la puerta de la cabaña, usando la piel que sobraba para taparse en las noches de frio. La loba estaba asustada. Había quedado embarazada pero todos los cachorros murieron al nacer sin poder evitarlo de ninguna manera posible. Deseaba poder volar, poder sentir el aire pegando contra su pelaje pero no era posible, no tenía alas y el aire no entraba debido a la arboleda que la rodeaba. Sin saber que hacer, comenzó a correr, de un lado al otro a través de los arboles, pero ni eso lograba calmarla. Aullaba a la luna, esperando que alguien respondiera su llamado, pero nadie lo hacia y cada vez la desesperación la obligaba a refugiarse mas y mas adentro del bosque. Se durmió, sin fuerzas lo único que le quedaba era dormirse. Durmió durante mucho tiempo, sin prestar atención a ninguna otra cosa, pero incluso entre sueños, escuchaba ruidos a su alrededor. Al despertarse, se encontró en el medio de la nada. No había arboles, no había nada, solo desolación. Los cazadores habían cortado todo y dándola por muerta, habían dejado allí tirada a la loba que ahora miraba alrededor sin poder creer lo que había sucedido. Volvió a dormirse, quizás creyendo que de esa manera podría morir o quizás solo pensaba que era una pesadilla, quien sabe, la cuestión es que volvió a dormirse. Cuando volvió a despertar vio rejas a su alrededor, estaba encerrada. Gruño al aire y comenzó a tratar de zafarse de esa jaula pero no había manera y fui allí cuando presto atención a su alrededor. ¿Dónde estaba? Había mas animales allí, algunos lobos también, pero leones, tigres… todos encerrados en jaulas mínimas, donde apenas podían moverse. Se miraban los unos a los otros, esperando, solo esperando. Los humanos comenzaron a acercarse a ellos, sonriendo casi burlonamente, hablando en un idioma que los animales no conocían, tocando las jaulas, sacudiéndolas, riéndose de lo encerrados que ellos estaban. La loba comenzó a desesperarse aun más y comenzó a gruñirles nuevamente, pero eso más que asustarlos, les daba gracia, pues reían más y más fuerte. Una tela tapo la jaula y ella no pudo ver más hacia afuera. Cuando por fin destaparon la jaula, también sacaron una de las “paredes” dejándole lugar a la loba para poder salir. Estaba en un nuevo bosque. No lo pensó dos veces. Salió corriendo pero algo la detuvo a mitad de camino. Unos ladridos que provenían de su espalda. Dio media vuelta para verlo y noto más de veinte perros allí, todos con sus dueños, ladrándole a ella. Cazadores. Sus patas actuaron por si solas, la sacaron corriendo de allí y pudo escuchar como los hombres ordenaban algo a sus mascotas, pero no entendió que. Estaba tan débil, tan débil… Cayó de un momento a otro, tropezándose con una raíz del árbol y lo miro con lágrimas en los ojos mientras escuchaba los patas de los perros acercándose. Un gruñido la alerto y al mirar a su derecha se encontró con unos ojos caninos, fríos y crueles. La loba cerro los ojos para no ver lo que se venia y un dolor atravesó su garganta cuando los colmillos del perro se clavaron en ella. Aulló débilmente, tratando en vano de dar al menos algo de lastima pero otros colmillos ya se estaban clavando en su pecho, y otros en sus piernas. En un minuto todo terminaría, pensó, pero no era así. Su estado moribundo la llevo a alucinar durante más de media hora mientras la mataban tortuosamente. De repente no sintió nada, solo pasos de pequeñas patas a su alrededor y unos mas fuertes también. Abrió los ojos lentamente, temerosa de encontrar algo pero no había nada, literalmente no había nada. Estaba parada en el aire, mirando un bosque debajo de ella, un bosque familiar… el bosque donde ella había muerto. Volvió a escuchar los pasos y busco a los dueños, pero no había nadie. Trato de dar un paso y en vez de eso, comenzó a volar. Volaba como vuelan las aves, las mariposas, ella volaba. Aulló a la hermosa luna que había aparecido frente a ella y para su sorpresa, le respondieron el llamado. Busco nuevamente algún lobo pero no encontraba nada hasta que algo mordió su cuello, pero de manera suave, juguetona. Se aparto con miedo y miro para saber quien había sido. Sus ojos se encontraron con otros que ella conocía. Había un lobo allí, un lobo que había sido su compañero mucho tiempo, un lobo que habían asesinado, y estaba rodeado de tres hermosos cachorros, sus cachorros. Estaban todos muertos… pero ¿Qué importancia tenia eso? Estaban allí, y estaban con ella. La muerte podía separar, pero también podía unir.2/11/2010
E.M.G.
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