domingo, 22 de mayo de 2011

Alternative world

Estaba en aquel lugar extraño. Miraba al cielo y veía planetas tan cercanos a donde yo estaba que podía reconocer los colores que decoraban a cada uno de ellos. No entendía mucho que hacia allí, miraba alrededor con cierta confusión. Lo cierto era que me daba algo de miedo el lugar. Tan tétrico y diferente a lo que estaba acostumbrada. Era de noche y el viento cambiaba de dirección a cada paso que daba. Podía sentir que me observaban, notaba que alguien estaba mirándome y no desde mucha distancia. Gire la cabeza para ver a una mujer allí y lo primero que note fue que estaba sentada pero en el aire, flotaba. Detuve mi paso y decidí mirarla más detenidamente. Tenía los ojos cerrados en una expresión de pura tranquilidad, aunque había algo en ella que provocaba la sensación de querer correr lo más lejos posible. De repente abrió los ojos y sonrió. Pero no fue una sonrisa tierna ni dulce. A pesar de tener la expresión de una niña, su sonrisa traviesa tenia algo de espeluznante. Parecía ser la típica criatura que yo vería en el mismo infierno, aquella que mataría con tal de conseguir lo que deseara, aquella criatura que uno se encontraría en una película de terror. Linda por fuera, pero diabólica por dentro. Al principio me había parecido algo tierna, y dulce con su forma de cerrar los ojos pero ahora que los había abierto, toda la inocencia estaba perdida. El iris de sus ojos era mucha más grande de lo normal y podía confundir el color negro de ellos con el color de su iris. Por unos segundos había pensado que a parte de ese detalle el resto de sus ojos era medianamente normal, pero estaba confundida y pude darme cuenta a los pocos segundos, cuando el iris de aquellos ojos se agrando aun más y ocupo lo que quedaba del glóbulo ocular. Mi expresión de temor debió divertir a la mujer, que rio como una niña pequeña y trato de moverse pero algo la retenía, evitando cualquier movimiento. Su estrafalaria sonrisa, pareció ensancharse aun más cuando mire las cadenas que le impedían el movimiento. La tenían fuertemente agarrada e incluso parecían lastimarla, pero a ella no le molestaba en absoluto, más bien lo contrario. Note muchas marcas en su piel, en sus muñecas, en sus piernas, en sus brazos, en sus alas… ¿Alas? Volví a mirarla y si, efectivamente tenia dos enormes alas negras y rotosas saliendo de su espalda. Comencé a asustarme más y más con cada detalle que observaba en aquella mujer con aspecto de niña pequeña pero fría y malévola. Aquella espantosa y maniaca sonrisa termino por hacer que me alejara caminando lentamente. Temerosa quizás de que la mujer se enfadara al verme ir. No pude aguantar demasiado la lentitud y eche a correr, tratando de dejarla atrás pero mis pasos eran lentos y sin poder prevenirlo tropecé, cayendo al suelo con ruido sordo. Algo comenzó a tirar de mis pies, arrastrándome hacia la mujer nuevamente y a pesar de mis patadas no lograba soltarme. Un grito se escapo por mis labios, a pesar de que trataba de mantener mi boca cerrada, y aquella risa maniaca volvió a escucharse mucho mas cerca de lo que yo pensaba. Voltee mi cabeza justo en el preciso momento en el que Alexia se acercaba a mi rostro, con aquella sonrisa maniaca que tanto me había espantado. Las cadenas no le permitían acercarse tanto como deseaba, podía darme cuenta de que hacia todo el esfuerzo posible por estar al lado mío. Trate de alejarme pero no podía, no había forma de hacerlo. Grite pidiendo ayuda pero parecía que no había nadie allí. Antes de lo previsto cerré los ojos y algo tiro de mis muñecas hacia el lado contrario de donde estaba ella. Termine de pie en otra parte de aquel lugar. De algún lado parecía provenir música, era clásica. Mire alrededor y me encontré con una mujer de mi misma edad. Estaba en una hamaca, balanceándose lentamente. Llevaba un vestido largo, que arrastraba por el suelo con cada ida y vuelta. El pelo también era largo y de color negro. Lo llevaba suelto aunque tenía algunas trenzas hechas. Me miraba directamente a mí, y no importo que yo la encontrara observándome de esa forma. De todas maneras, baje la mirada al notar aquellos ojos fijos en los míos. Eran algo intimidantes aunque no daban tanto miedo como los de Alexia. Los de Elizabeth se mantenían en estado de alerta, tratando al parecer de averiguar que hacia yo allí, tratando de averiguar que paso daría a continuación. Antes que pudiera seguir viendo a aquella mujer tan llamativa y misteriosa, note algo más en aquella parte del mundo donde había ido a parar. Gire y la sorpresa cruzo mi rostro. Solté un suspiro al ver a aquella mujer. Actuaba igual que una niña curiosa. Me miraba desde detrás del vidrio con sorpresa en sus ojos. Me acerque sin poder evitarlo. Sus ojos parecían hipnotizadores. Detrás de ella todo estaba oscuro y se escondía allí a medida que yo me adelantaba, hasta que finalmente solo pude ver sus ojos. Coloque mi mano en el vidrio, y ella poco a poco se fue acercando a donde estaba yo, observando atentamente lo que yo hacia. Miro mi mano con expresión sombría y curiosa hasta que se volvió a esconder en el lado oscuro de su prisión. Suspire con brusquedad acercando mi rostro al cristal, buscándola. Todo paso tan rápido que no pude alejarme. Una mano ensangrentada apareció desde la oscuridad, terminando en el vidrio justo a la derecha de donde mi mano estaba, al segundo apareció la otra mano, también chorreando sangre y choco contra el otro lado. El rostro de la mujer de aquellos ojos que minutos antes me habían parecido hipnotizantes, apareció desde la oscuridad, y un nuevo grito se escapo de entre mis labios mientras daba un paso hacia atrás. Tenia sangre chorreando de su boca, y de sus enormes ojos azules. Gritaba con una furia salvaje mientras comenzaba a golpear el vidrio tratando de romperlo. Tratando de alcanzar su objetivo: yo. Elizabeth apareció de la mismísima nada y se acerco al vidrio, golpeándolo a su vez. De nuevo me sentí completamente intimidada y no me extraño que la mujer de adentro del cubo de vidrio bajara la cabeza, volviendo a esconderse en la oscuridad, aunque sus ojos demostraban la furia que sentía por estar allí encerrada. Yo estaba mas que segura que en cualquier instante se escaparía y mataría a cualquiera que se cruzara en su camino. Respire hondo, tratando de calmarme y observe como Elizabeth volvía a su hamaca, completamente relajada, con el rostro impasible, como si nunca hubiese sucedido nada. Comencé a ver como si aquel extraño mundo se estuviese moviendo y tarde unos minutos en darme cuenta que era yo la que estaba temblando. Volví a respirar hondo y me decidí a seguir caminando, aunque antes eche una última mirada al cubo de vidrio y a Elizabeth. Ellas continuaban mirándome pero yo solo pensaba en una cosa. Allí, parecía que solo había demonios. Quizás Elizabeth no era tan morbosa como Alexia y la mujer del cubo, pero era obvio que no ninguna de ellas era una santa. Las tres tenían aquel aire tétrico y espeluznante, como si acabaran de salir de la mejor historia de terror jamás contada. No había terminado de dar dos pasos cuando frene a mi una luz me obligo a entrecerrar los ojos, encandilada. Trate de averiguar que era pero tarde un poco en acostumbrarme a la luz. Cuando por fin pude ver bien, la imagen delante de mí parecía sacada de un sueño. Otra mujer de mi edad estaba allí, flotando a unos metros del suelo. Se encontraba encerrada en una burbuja brillante y se movía como si bailase de manera extraña y lenta, pero eran tan hermosos sus movimientos que no podía quitarle la vista de encima. Mantenía los ojos cerrados por momentos y de vez en cuando los abría, dejando ver sus increíbles ojos verdes. De tanto en tanto, daba vuelta su cuerpo, quedando cabeza abajo, aunque por extraño que fuese, la gravedad no hacia caso y el vestido no se le caía tapándole los ojos ni tampoco el pelo no se movía mas de lo suficiente. La seda que cubría su cuerpo la hacia parecer un ángel caído del cielo. Su pelo era de color rojo fuego pero por momentos parecía cambiar de color, por momentos se volvía castaño, negro, rubio. Pero eso era lo de menos. No me hubiese importado quedarme allí mirándola, pero volví a sentir que algo me tiraba hacia atrás y cuando voltee a ver de que se trataba vi a Elizabeth, que entrecerraba los ojos, negando con la cabeza. Antes que pudiese darme cuenta me desvanecí. Al abrir los ojos nuevamente, me encontré en un lugar ya conocido: el planeta Tierra.


E.M.G.

3 comentarios:

  1. Se notan muchos deseos de estar en otro lugar, por mas que lo que este ahí nos provoque mucho miedo, supongo que es mejor que esta realidad

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  2. jajja no deberias sacar conclusiones de lo que escribo, no siempre es lo que realmente pienso, deseo o algo xD

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  3. Bueno lo voy a tener en cuenta entonces ¬¬
    o de última te las comento a vos sola n.n

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